Coro
La noche era fría en Oxford. Una ventana permanecía abierta e iluminada, mientras el resto de las personas permanecía durmiendo. El Dr. Terry mantenía un vaso de whisky en sus manos, mientras lo sorbía de a poco. Observaba el silencio de la ciudad a través de su ventana, pensativo. Luego se dio vuelta para mirar los ojos de su interlocutor y pasando unos minutos empezar a hablar.
Coro
El hombre sonrió. No estaba fumando y ni siquiera se había acercado a su vaso.
Anónimo
-En este caso el mito y la historia forman uno sólo mi querido doctor. Porque si no se entiende su llegada a Delfos, la filosofía de Anaximandros queda vacía. Te lo explicaré entonces. Fue cuando Alejandro visitó Atenas, esperando que la ciudad se rindiera a sus pies. Esa misma noche, Anaximandros se fugó hacia la ciudad de Delfos. No eran tiempos fáciles, a la amenaza de los persas, se sumaba la amenaza macedónica. Anaximandros llegó a Delfos, en el momento justo que deseaba. No sin varios contratiempos como es el caso de los bandidos. En el momento justo del cambio de Apolo a Dionisio, cuando los dos dioses se juntan y se ven las caras. Soñó en sus viajes con un extraño símbolo. Aquél que sería la piedra fundamental bajo la cual soportaría el peso de sus pensamientos. Un símbolo extraído de Dionisio, de Apolo y del Oráculo. El significado de la unidad se ahyaba envuelto en ese mero dibujo. Déjeme dibujárselo
Terry se puso pensativo. Había recordado algo….
Anónimo
-Así es, es el mismo símbolo que vio inconscientemente en alguno de los mármoles en los que se lo representa. Pero quisiera continuar mi relato y estoy seguro que usted quiere seguir escuchando. Me imagino que usted sabe que Anaximandros fue capado no es así?
-Por supuesto, en varios aspectos de su filosofía realza la importancia de deshacerse de sus deseos terrenales. Aunque a decir verdad…
Anónimo
-Pero nunca supo cuando, donde o siquiera cual fue la razón que lo llevó a eso. La respuesta está en la casa de Dionisio. Escúcheme bien, porque lo que voy a decirle puede parecerle de locos, fantasioso e incluso ridículo. Ni bien subió al monte, Anaximandros entró en el templo de Dionisio y participó de la última gran orgía del año en honor al dios. En esa orgía se relacionó entre otros, con una mujer tan hermosa que podía levantar a los muertos de sus tumbas. De las cosas que vio, poco se puede decir. Solamente el gran filósofo lo sabe. Se dice que vio cara a cara a la perfección absoluta y que se enfrento con lo más imperfecto que pudo haber visto. Ahí comprendió parte de lo que sería su verdad. La otra parte, fue su charla con

