lunes, 6 de septiembre de 2010

Cratos | El orgullo espartano


Coro


Cratos estaba al frente de un escuadrón Espartano que decidió enfrentarse a Filipo. Fueron los primeros de muchos (aunque no tantos) espartanos en acudir al enfrentamiento. La batalla fue atroz, pero lo que Cratos temía era lo que habría de suceder: la batalla no estaba perdida por los números, ni por el armamento; sino por la táctica. Los ejércitos comandados por Filipo (y su hijo Alejandro), demostraron una y otra vez ser superiores en cuanto a la estrategia y la logística; prácticamente arrasaron con los carros tebanos y la infantería espartana.
Cratos se encontró en un problema. Rodeado por enemigos, y cadáveres de otros enemigos, y sólo. Principalmente sólo. Los ataques se sucedían uno tras otro. Y el guerrero los esquivaba una y otra vez; eludía a los más poderosos enemigos y, cuando podía, contraatacaba con golpes certeros.


Y entonces ocurrió lo que él temía y esperaba: alguien se atrevió a atacarlo por la espalda sin que él se diera cuenta. Luego de caer, y bajo la pila de guerreros macedonios, Cratos llegó a ver a su agresor. Ése, sin lugar a dudas, sería un rostro que recordaría por el resto de su vida.
Ya capturado, estuvo prisionero en un "hospital" (una gran tienda de campaña repleta de heridos y médicos). Allí conoció a un tebano con el que en un principio riñó, más luego trabó amistad y llegó a respetar enormemente. Cadmo es su nombre.


Luego de ser liberado, y con su orgullo mancillado, Cratos se dirigió a su general y le pidió una misión; buscando por supuesto dejar atrás esa herida en su amor propio. Su general y amigo le encomendó representar a Esparta en la coronación de Filipo. Luego de algunos pequeños percances en el viaje, arribaron a Macedonia, donde Cratos dió a sus hombres vía libre con la condición de que moderaran sus instintos y de que se mantuviesen sobrios para el día siguiente. Y se dispuso a esperar al general Macedonio que habría de entregarle la vara ceremonial de Cobre y Oro, regalo de Filipo para los espartanos. Luego, y como era de esperarse, salió de sus aposentos y también se dirigió a la ciudad a recrearse.

Al día siguiente, Cadmo le advirtió que algo extraño iba a suceder; y menos de 1 hora después Filipo fue asesinado por Pausanias. Cadmo le advierte al espartano que Tebas no apoyará a Alejandro, lo cual pone en jaque al espartano, ya que desea la amistad de Cadmo pero no cree que sea buena idea enfrentarse a Alejandro.

Cratos persiguió al asesino, Pausanias, para detenerlo e interrogarlo, pero alguien se le adelantó y lo inutilizó. El asesino se suicidó frente a todos y Cratos se ocupó de obtener el arma homicida para los Macedonios.

Más tarde encontró, finalmente, a su agresor de la última batalla. Al parecer, y por su presentación, es un pirata fenicio, negro, malhablado y sin honor alguno quien lo atacó a traición en la última batalla. Ibdan es su nombre. Cratos le ofreció un combate justo de 1 versus 1; prometiéndole al fenicio respetar su vida, ofrecimiento que éste último rechazó, alegando estar muy apurado. Cratos le exigió que el combate se realizara, pero entendió que si éste estaba apurado no era justo enfrentarlo ahora. Le exigió al pirata que cumpliera con el pedido del guerrero, y éste propuso ir a buscarlo en 2 meses. Cratos promete estar allí para enfrentarlo...


Fin de escena